Y si reinventamos los pequeños momentos?
Podríamos empezar por llenarlos de bolsas de gominolas repletas de ositos, peta-zetas y lolipop,
o dedicarnos a colgar sonrisas de los almendros más tristes que echan de menos a la primavera
y también colocar post it con caritas sonrientes en los rostros serios y enfadados.
Quitar todos los candados oxidados de los puentes de hierro e imaginar "el chino" donde co-exisitían con millones de chorradas y gatos dorados de brazo tonto,
y que bien tumbarnos en el suelo para dejar de ver el mundo del revés y arañar trocitos de tiempo.
Pero lo que no falla seguro es utilizarlos con pequeñas personas que quepan dentro de ellos y que hacen que sepan a las virutas de chocolate que te encuentras desayunando con los ojos entreabiertos en el interior de las magdalenas de panaderías de barrio en peligro de extinción...
