6 de enero de 2012

A la incoherencia...

Sentirme identificado con Lope
no por sus versos, si por sus amores,
la una alegre Doncella, 
la otra una dulce Dama.

El sabor fulgurante de una llama de abrazos,
de la que nos separaba una distante caricia de aladas palomas,
que jugaban a posarse en un hombro helado
mientras dormido esperaba él, la leña de antaño.

El poeta engaña y con sus palabras desenvueltas
acaricia susurros cortados
de unos acorralados labios
de amaneceres rotos y desoladores.

Rotos con dulzura y encanto,
pero sin embargo, rotos...
de caricias ásperas
y escasas flores de Mayo.

Desnudarte con la mirada 
sin beber del cruce dorado de tus púpilas encendidas
porque ellas no se encontraban apagadas
solo disimulabas aquellas tentaciones que tan bien decides ocultar.

Un vacio de sentimientos
que tristemente enmascarabas
en dibujantes lineas de saliva
en tu rostro manchado de lágrimas.

Y ahora como antes,
solemos rompernos las palabras,
y alumbrar separados 
nuestros vanales cuerpos.

Desolados de tanta mentira,
embriagados de nuestro aliento,
ese que sin tocarse
se empapa de nuestros felices sonetos...





                                                                                     Y seguimos plantados en diferentes macetas...










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