Y es que caminando en Plena Primavera con la diurna nocturnidad de la madrugada me encontré con la lluvia que tapaba con su secado manto a la luna de Valencia, mientras el polo deshelado no cesaba en su intento de convertirse en cucurucho…
Y el pantalón de Verano lo intentaba y lo intentaba pero nunca llegaba a ser de Otoño, y envidiaba al jersey rosa anodadado con el calcetín de Invierno en Plena Primavera…
Y Primavera una carta de alentadoras lágrimas le escribió a Verano:
" No tengas prisa por llegar… la noche quiere ser día, tu colega pantalón ya no te estima como antes y ahora busca sombra en cualquier árbol deshojado de Otoño, y a su vez, Otoño al que creía gran amigo, evita cruzarse conmigo y ya no sé cuando es la hora en que tengo que colocar la luz y el color en los balcones...
Y no quiero desanimarte, pero Invierno ya no es aquel luminoso espejo de fantasía… se enamoró de Otoño y ya casi ni podemos enlazar una cotidiana conversación sin que los silencios tengan ese sonido tan desagradable de incomodidad… pues ya no son dulces melodías de atracción... "
Fue cuando Primavera cansada de la incoherencia, decidió cerrar su innovador estudio de marionetas verdes y dedicarse de nuevo al mundo de la floristeria, que al fin y al cabo, era lo único que Plena Primavera creía saber hacer bien …
"Un ventilador,
fue el primer regalo,
fue el primer regalo,
pa´que se quiten las nubes grises
en los días malos...
y que la gente de mi tierra
siempre sea muy feliz ... "
en los días malos...
y que la gente de mi tierra
siempre sea muy feliz ... "

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