St. Michelle - Normandia - Bayeaux
Pelos revolucionados y primeras motas de sol en la ventana, comenzaba el segundo día de viaje.
Tras conseguir, marcando buenos tiempos, recoger nuestro equipaje, nos dirijiamos a pagar nuestra noche de bungalow a la zona reservada para ello. Una simpática chica nos recibió portando una sonrisa de oreja a oreja, todos pensando para nosotros: "Oye que maja, no?"
Todo cambio cuando desapareció por completa esa hospitalidad y nos hizo dirigirnos a nuestros bungalow para proceder a la limpieza de los mismos puesto que la gracia de no limpiarlos costaba unos cuantos euretes y no estabamos para festivales monetarios...
Descalzados de botas, Carmen en uno y yo en otro, comenzamos a aromatizar cada una de las estancias con pañuelos limpiadores de culetes de bebé. Tras un duro trabajo, visto bueno de la chica del carrito del minigolf, punto y victoria para nosotros, sigamos la aventura. Por una vez los "quehaceres" de las chicas no fue el motivo principal del retraso...
Toda la familia al completo hacía Normandia, con nuestro segundo conductor, Fabrice, que parecía tener un cierto aprecio a las rotondas, cada vez que entrabamos en una, era como estar en un tio vivo, pero mucho más divertido, y encima gratuito, y girar y girar y girar...
Primera parada, St. Michelle para ver su abadía y sus estrechas calles; estuvimos bromeando por el camino si Zaplana estuviera cerca ya estaría convertido en parque temático cual terra mítica, y en su interior algún matiz si que se visualizaba, pero aún así, el encanto seguía persistiendo. Un pequeño- largo paseo por el interior de la abadía, claustros, vistas espectaculares y muchas muchas fotos.
En el momento que la prisa apremiaba decidimos desposar a las inquilinas de sus cámaras reflex y así parar su facilidad para apretar el boton de la cámara. Curiosa estampa el colocar un pie a cada lado de la linea de la carretera, medio cuerpo en Normandia, y el otro medio en Bretaña.
Segundo destino, cementerio alemán homenaje a los caidos de la segunda guerra mundial, todo plagado de zonas verdes, y por supuesto, de cruces con nombres alemanes. Proseguimos a visitar un bonito Mc Donalds donde poder comer algo, nos comíamos los unos a los otros. Todos comiendo menos Juan y yo, ya que la "trabajadora del año" no acertaba a darnos nuestros respectivos Mc Wrap. Hartos de esperar cogimos los primeros que salieron y al coche a seguir. Fue cuando llegamos a los acantilados de Normandía donde se produjo parte del desembarco, siendo el camino hasta ellos por cráteres reales dejados por la huella de las bombas y por pequeños bunkers. Como el primer día, no faltó el percance con el coche, al no poder acertar a sacar la furgoneta debido a sus dimensiones. Tras numerosas maniobras el manitas Fabrice se hizo de nuevo con el poder del volante.
La playa de Omaha del desembarco nos esperaba ansiosa, precioso reflejo del mar en las láminas de agua depositadas sobre la arena. Mario y Natalia mps deleitaron con la típica imagen bucólica en la que dos enamorados van caminando por la playa salpicando agua al viento y fundiéndose en un final y apasionado abrazo. Por las fotos que pudimos observar podríamos estar hablando de "la Bella y la Bestia".
Apuntar que, durante esta jornada de viaje, Mario portaba una orgullosísima elástica de la selección española con el nombre de Xabi Alonso a la espalda , aderezado con una reflex al cuello, , "Typical Spanish".
Proxima parada, cementerio a los caidos estadounidenses, que nuestra mala suerte topo con que estaba cerrado. Convertimos el problema en oportunidad y al lado de un monumento aprovechamos el contraluz de la tarde para realizar un elefante, en este caso, de seis patas. Las risas fueron muchas pero el resultado, el esperado "intento de elefante no conseguido".
Proseguimos hasta un nuevo puerto, pero el manto de la noche cubrió nuestras cabezas y poco pudimos ver, unicamente oler y sentir, de alguna manera, la historia del desembarco.
Llegamos a Bayeux, donde pasaríamos la noche en un encantador hotel, recibidos por una agradable señora que nos indicó todo tipo de cosas para ver y restaurantes donde poder cenar a buen precio. Hicimos un pequeño tour por el pueblo del famoso Caentin, donde su monumento protegido por la UNESCO, era un gran tápiz de 120 metros de largo, o algo así había escuchado...
Recorrimos la calle pincipal del pueblo y tras muchas indecisiones elegimos una creperia donde el camarero no fue muy condescendiente y decidimos irnos, para luego toparnos con un sencillo bar donde pudimos tomar Croque Monsieur, Croque Madame et Quiche Laurane, acompañados de cerveza y vino blanco. Muy amable y simpático el camarero.
Tras esto, Mario se disfrazó de Robin Hood, y sentado en una papelera comenzó a sacar dinero de la máquina de hacer dinero para depositarlo en nuestras carteras. Posamos delante de la catedral, muy enorme y bonita, y por fin llegamos de nuevo al hotel para acabar la jornada visionando "Salvar al soldado Ryan" hasta que el cuerpo y los somnolientos ojos no nos dejaron continuar...
Chanson de la journée: http://www.youtube.com/watch?v=h7KfGwdI51A ;)
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