El problema de volar de noche son las luces del escaparte de los claveles blancos... y es que el el volar entre claveles se hace divertido pero... que más da eso, lo bonito es seguir volando aunque sea sobre colchones usados que destisten pantalones de colorin colorado aunque ese cuento no se haya acabado.
Nos gusta volar, pero también correr entre las noches de monstruos vencibles y abrazar la almohada, agradecida de la silueta que dibujamos en su arrugado espejo.
Pero si bajas al suelo, andas y te encuentras personas, que no sean "porque sí", que sean porque tus dependencias se conviertan en una independencia escalofriante de sentimientos,
"que se pare el tiempo y solo estemos los dos..."
Sino lo demás pasa sin que importe el cartel donde se reflejó tu mirada mientras te encontraste acorralada de sus sentimientos y los tuyos besándose en un bucle infinito de locura.

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